
Más de 120 comunidades ribereñas esperan su visita. Para llegar a algunas de ellas, son necesarias entre 24 y 30 horas de viaje en barco, navegando ríos que de noche se vuelven peligrosos. Vive en el barco, duerme en el barco, reza en el barco.
Con 65 años, Frei José confiesa con emoción que esta misión ha redefinido su vida: “Me ha enraizado aún más en el encuentro con la gente y con los más necesitados.”
Un testimonio sencillo y profundo de lo que significa entregarse al otro sin importar la distancia.



