En su primer Mensaje para la Jornada Mundial de la Paz, el Papa León XIV nos recuerda que la paz de Cristo resucitado es mucho más que la ausencia de guerra; es una fuerza transformadora. Nos desafía a buscar una paz desarmada y desarmante, sugiriendo que cuando nos acercamos a los demás con humildad en lugar de agresión, podemos romper el ciclo de la violencia. Este enfoque no es un gesto puntual, sino un camino perseverante, que nos llama a ser pacientes y firmes en nuestros esfuerzos por sanar un mundo dividido. Partiendo de su identidad agustiniana y del clima geopolítico actual, podemos aprender del documento doce elementos esenciales que constituyen una paz justa y duradera:
1. Interioridad (La «Llama Interior»)
La paz es ante todo una realidad espiritual que debe custodiarse en el alma. Citando el sermón 357 de san Agustín, el Papa explica que para «inflamar» a los demás con la paz, la llama debe arder primero en el propio corazón.
2. La cualidad “desarmada” de la paz
La paz auténtica es “desarmada” porque no se basa en el “equilibrio del terror” ni en el poderío militar. Rechaza la lógica de la carrera armamentista y la disuasión nuclear como fundamentos irracionales de las relaciones humanas.
3. El poder “desarmante” de la bondad
La paz es “desarmante” porque busca derribar los muros de la desconfianza. El Papa señala la vulnerabilidad del Niño en Belén como el poder supremo que desarma la agresión y el orgullo humanos.
4. Accesibilidad (El Regalo Presente)
Rechazando el «realismo distorsionado» que considera la paz una utopía lejana, León XIV afirma que la paz está al alcance de la mano. Es un don de Cristo Resucitado, disponible para toda persona mediante un simple acto de voluntad y la gracia de Dios.
5. La paz como camino (Peregrinación)
La paz no es un destino estático ni una mera ausencia de conflicto; es una presencia y un camino. Requiere un cultivo constante y activo, y el testimonio perseverante de las decisiones cotidianas.
6. La «vía del desarme» del derecho internacional
El Papa pide un “desarme de la ley”, donde las relaciones internacionales se rijan por la confianza mutua, la lealtad y la mediación, en lugar de la amenaza de la fuerza o el dominio económico.
7. Responsabilidad por el reproche
La verdadera paz comienza cuando los individuos y las naciones asumen la responsabilidad de sus propios actos. Citando a San Agustín, el Papa nos recuerda que «Dios, que nos creó sin nosotros, no nos salvará sin nosotros». La responsabilidad es el «camino seguro» hacia la paz.
8. Diálogo y “No quemar puentes”
Siguiendo el mandato agustiniano de amar a los enemigos de la paz , el documento enfatiza la escucha activa. Insta a los pacificadores a mantener canales de comunicación incluso con quienes parecen más cerrados al diálogo.
9. Regulación moral de la tecnología (IA)
Un elemento moderno crítico es el control ético de la Inteligencia Artificial. El Papa advierte contra la “delegación” de decisiones cruciales a las máquinas, calificándolo de traición al humanismo que agrava la tragedia del conflicto.
10. La cultura de la memoria
La paz requiere una cultura de la memoria que honre a las víctimas y preserve las lecciones de las guerras pasadas. Esta memoria sirve como centinela contra la creencia fatalista de que la guerra es inevitable.
11. Justicia restaurativa
Más allá del mero castigo, la paz requiere justicia restaurativa, un proceso que se centra en sanar las relaciones y “desarmar el corazón” de la venganza para fomentar una hermandad auténtica.
12. Humildad evangélica
Finalmente, la paz nace de la humildad evangélica. Requiere una revolución silenciosa donde uno esté dispuesto a ser el primero en tender la mano, perdonar y servir, reconociendo el amor incondicional que Dios tiene por todos.
Lea el Mensaje de la Paz del Papa León XIV en la LIX Jornada Mundial de la Paz:
https://www.vatican.va/content/leo-xiv/es/messages/peace/documents/20251208-messaggio-pace.html

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6. La «vía del desarme» del derecho internacional

