Una experiencia transformadora de solidaridad, aprendizaje y comunidad que dejó huella en voluntarios y beneficiarios, en Guatemala.
El voluntariado ARCORES en Guatemala se convirtió en una auténtica aventura de solidaridad que durante tres semanas transformó vidas, construyó puentes culturales y sembró esperanza en la comunidad de Totonicapán.
Desde la segunda hasta la última semana, cada día trajo nuevas historias, rostros y momentos que tocaron el alma de todos los participantes.

Construyendo Hogares, Sembrando Futuro
Una de las actividades más significativas fue el trabajo en el proyecto “Un techo para Jesús”, donde los voluntarios conocieron a mujeres que, con esfuerzo y fe, están construyendo un futuro más digno. Las acciones fueron diversas: desde cambiar el nylon del techo de Rafaela hasta ayudar a cementar el suelo de una casa que pronto se convertiría en hogar.
Los pequeños gestos también marcaron la diferencia. La entrega de pilas a familias necesitadas, como aquella con seis hijas que lava en una naciente, demostró que las transformaciones más profundas a menudo nacen de acciones sencillas pero cargadas de significado.

Los campamentos educativos se convirtieron en espacios de risas, juegos y aprendizaje mutuo. La preparación de actuaciones para el Festival Agustiniano demostró que educar también es celebrar, culminando con una presentación donde los voluntarios compartieron un pedacito de España a través de bailes, música y alegría.
El gran cierre del campamento educativo en el salón multiusos municipal, con partidos de baloncesto y entrega de camisetas y cruces, fue especialmente emotivo. Ver cómo algo tan sencillo puede significar tanto para los niños recordó a todos los participantes el verdadero valor de su labor.

Alimentando Cuerpo y Alma
Cada mañana comenzaba con desayunos para personas en situación de calle, ofreciendo no solo comida sino también compañía y escucha. En casa, Mariló sorprendía constantemente con pancakes y mensajes personalizados con citas bíblicas, demostrando que el amor también se sirve en plato.
Las visitas a enfermos en el día de San Ezequiel Moreno revelaron historias duras pero llenas de coraje: una mujer que decidió seguir adelante con su embarazo pese a una enfermedad paralizante, y un hombre que quedó postrado tras un accidente. Cada encuentro recordó que la verdadera misión está en mirar a los ojos y estar presente.
Las visitas al Asilo Divina Providencia fueron particularmente conmovedoras. Celebrar misa rodeados de personas que, aunque sin familia, regalaron una calidez inmensa, demostró el poder transformador de la presencia y el acompañamiento.
Arte que Une Culturas
Uno de los proyectos más simbólicos fue el diseño y pintura de un mural que une Guatemala y España bajo el símbolo de ARCORES. Este proyecto transversal acompañó toda la última semana y ahora decora la entrada de la oficina como testigo permanente de lo vivido, contando su propia historia de hermandad internacional.
La experiencia se enriqueció con la participación en las fiestas patronales de Santa Cruz del Quiché, desfiles con bandas escolares, fogatas parroquiales y cenas con las Hermanas Terciarias Capuchinas. Estos momentos de fraternidad hicieron sentir a los voluntarios parte de algo más grande.
El programa también incluyó la exploración del patrimonio natural y cultural guatemalteco: el Lago de Panajachel, San Juan de la Laguna, el Mirador del Águila, las ruinas mayas de Zaculeo, y el mirador de Kaxtum. Conocer el país permitió entender mejor a su gente, su historia y su belleza.

La pijamada en una cabaña de San Cristóbal, con risas, confidencias y estrellas, y la comida en casa de Lucrecia, una anfitriona de corazón generoso, cerraron la experiencia con momentos de intimidad y gratitud.
Un Legado que Perdura
Esta experiencia de voluntariado ARCORES enseñó que el servicio no es solo lo que se hace, sino cómo se vive. Cada acción, cada sonrisa, cada oración compartida acercó más a los participantes tanto a los demás como a sí mismos.
El último día, dedicado a visitar Antigua antes del viaje de vuelta, no fue un adiós sino un “nos vemos pronto”. Porque Totonicapán ya forma parte de todos los que participaron en esta experiencia transformadora, donde se demostró que los corazones en acción pueden cambiar el mundo, una sonrisa a la vez.



Arte que Une Culturas
Un Legado que Perdura

