Totonicapán es testigo de cómo la cooperación y el esfuerzo comunitario pueden transformar vidas. Conoce cómo la red de solidaridad de ARCORES en Guatemala combate la brecha educativa, fomenta la agricultura sostenible frente al cambio climático e impulsa la economía de las mujeres indígenas mediante proyectos productivos con un impacto social profundo.
Judith Arroyo, de la oficina de ARCORES Internacional, nos ofrece este informe durante su estancia y colaboración con ARCORES Guatemala:
Amanece en Guatemala. El equipo técnico de ARCORES en Totonicapán comienza a trabajar. Allí, desde la Pastoral educativa de la Parroquia San Miguel Arcángel, la coordinadora y su equipo transmiten pasión, compromiso, responsabilidad, profesionalidad.
Desde que ARCORES era Haren Alde, hace muchos años, ya existía el Proyecto educativo o Proyecto Estrella, que con los años se ha visto incrementado, becando a más niños y niñas de familias en extrema pobreza y vulnerabilidad, gracias a la aportación económica de padrinos y madrinas en España. Estas becas incluyen la matrícula en las escuelas, el uniforme, los zapatos, el material escolar y el transporte. En Totonicapán, este proyecto tiene un gran impacto, beneficiando a 130 familias que viven en extrema pobreza, en las que la educación de un hijo o hija es, en la mayoría de los casos, inaccesible. No sorprende que las mamás —pues los papás han emigrado a Estados Unidos, o se mantienen al margen del cuidado de las familias, o, en muchos casos, son alcohólicos- soliciten el apoyo de más becas para otros hijos e hijas. Viven en una situación crítica. Complementa este proyecto las cinco becas universitarias que, con mucho agradecimiento, están disfrutando jóvenes de la ciudad.
Al visitar diferentes comunidades rurales de Totonicapán, que suman 53 en torno a la ciudad, enseguida te das cuenta del valor que la naturaleza tiene para la sociedad guatemalteca tiene la naturaleza. Allí, la preservación de bosques, el cuidado de los manantiales y el cultivo ecológico y autóctono son una prioridad. Me explican que está lloviendo poco y que la pérdida de la cosecha de maíz es una gran amenaza para la seguridad alimentaria de las familias. Además, pronto llegará el fenómeno de El Niño.
En estas verdes comunidades rurales, ARCORES ha implementado invernaderos de tomates y gallineros, iniciativas locales de alto valor e impacto social. Todos los proyectos parten de las necesidades y peticiones de las propias familias. Desde ARCORES, nunca se impone ningún proyecto. Las familias, además, siempre colaboran mediante la aportación de la mano de obra, terrenos, equipamiento o materiales. De esa forma, se consigue una apropiación natural del proyecto por parte de la comunidad beneficiaria y aumenta el sentido de compromiso y responsabilidad en la ejecución. En este proyecto, las familias han aportado comunitariamente los terrenos, la mano de obra y el agua para los cultivos. Les pregunto si no tienen problemas repartiendo la cosecha y trabajando diez familias juntas, y responden con una sonrisa. Allí, todos se conocen, se consideran hermanos y hermanas, y desean el bien de la comunidad.
Otro de los proyectos que ARCORES comenzó recientemente fue el apoyo al emprendimiento femenino. Los bordados mayas, preservando la cultura indígena quiché, y la realización de cestería, están produciendo una mejora sustancial en la economía familiar, aumentando los ingresos de las mujeres y creando cadenas comerciales. Pero el beneficio no es sólo material. Existe otro que hace al proyecto único. Me emociona escuchar cómo una mujer, a la que luego se suman muchas más, nos comparte su experiencia. Para ellas, el proyecto ha supuesto un encuentro de hermanas, un espacio para compartir tristezas y alegrías mientras aprenden a bordar, un lugar donde abandonar los quehaceres domésticos por unas horas. Además, es un lugar donde sus hijos e hijas más pequeños pueden corretear sin peligro, un espacio de esparcimiento y oportunidades. Me piden que las ayudemos capacitándolas en más técnicas de bordado, pues están deseosas de seguir aprendiendo, mejorando y superándose. El proyecto es autosostenible, ya que, con los beneficios que consiguen, vuelven a comprar más hilos y materiales para reinvertir.
Asimismo, este año ARCORES ha comenzado otra intervención en Totonicapán: la rehabilitación de viviendas para personas en extrema pobreza y vulnerabilidad. Existe una cantidad enorme de viviendas precarias y chabolas en la ciudad. Chabolas de paredes de chapa, madera o adobe sobre suelos de tierra y techos de finas láminas por las que se cuela el agua cada vez que llueve. Además, se convive con animales dentro de las casas y la basura se amontona, creando un ambiente propicio para la proliferación de enfermedades. Gracias al equipo técnico, que realiza visitas periódicas a las familias más necesitadas, se pudieron identificar algunas de las familias más vulnerables a las que ayudar con este proyecto, llevando esperanza y condiciones adecuadas de vida. Este proyecto también incluye la capacitación en higiene y salud, tanto individual como ambiental. Tomar conciencia de la importancia del cuidado y la salud es esencial para el desarrollo de estas familias.
ARCORES Guatemala es un volcán activo. Activo en propuestas, activo en ilusión y alegría por la acción amorosa hacia los más pobres, activo gracias a muchísimas manos que nunca dejan de ayudar. Esas son también las manos de los voluntarios españoles que han ido a Totonicapán durante un mes dentro del Programa de voluntariado internacional. Siempre con firme voluntad y gran cariño, reparten todas las mañanas desayunos a personas de la calle, muchos de ellos alcohólicos. Llevan a cabo además refuerzo escolar y actividades deportivas con los niños y niñas de las becas, apoyo a los proyectos de viviendas, visitas a enfermos y a familias, talleres de formación, etc.
Pero ARCORES no sólo existe en Totonicapán. La familia Agustino Recoleta – OAR, MAR y Agustinas Recoletas contemplativas – se extiende por todo el país. Quezaltenango, San Andrés de Itzapa y Ciudad de Guatemala se unen con la presencia de conventos AR, parroquias AR, colegios AR, grupos FSAR, JAR, Madres Mónicas y CEAR, creando un grandioso equipo de religiosos y laicos con una enorme inquietud por mejorar la vida de los hermanos y hermanas más necesitados del país.
Otros proyectos que se llevan a cabo son el reparto de alimentos, medicinas y ropa, acciones muy necesarias para una gran parte de la población guatemalteca. Además, algunos grupos de voluntarios locales visitan ancianos, enfermos de cáncer y realizan reforestación de árboles.
En las visitas a las diferentes comunidades no dejan de surgir nuevas ideas. Voluntariado nacional, nuevos apadrinamientos desde Guatemala, proyectos de acogida a personas alcohólicas, nuevas capacitaciones en telares y un proyecto de energía solar son solo el comienzo.
ARCORES Guatemala es hospitalidad, acogida, generosidad, amabilidad, familia.
Con el ordenador repleto de nuevas propuestas y el corazón lleno de amor, voy terminando ya mi viaje por Guatemala. Junto a ustedes, seguiremos moviendo corazones y transformando vidas.
Escrito por Judith Arroyo










